Imágenes de la presentación en Albacete

El pasado día 18 de Junio de la mano de Covi Sánchez y Mónica Casillas, se presentó en Popular Libros ‘¡Serás la próxima!’.

Aquí hay algunas imágenes, y algún recorte de prensa, de la Tribuna de Albacete…

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¿Qué diferencia hay entre cometer un asesinato y un homicidio?

POR ALFRED LOPEZ. 15 JULIO 2013.

 

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A través del apartado de contacto, Mercedes Murillo me envía un email en el que me pregunta sobre la diferencia que hay entre cometer un asesinato y un homicidio y si la pena que cae por cada supuesto es diferente.

Estoy seguro que en infinidad de ocasiones habréis escuchado, leído o visto en algún programa de televisión o una película que están juzgando o acusan a alguien de cometer un ‘homicidio’   e incluso en otras ocasiones se utiliza el término ‘asesinato’, pero aunque el resultado final es el mismo (una persona muerta) entre uno y otro término hay diferencias que a la hora de juzgar el caso determinará una pena mayor o menor.

Se considera asesinato cuando una persona causa la muerte de otra y lo lleva a cabo con alguno de los tres supuestos (o los tres juntos) de ‘alevosía’ (se realiza a traición y/o cuando se sabe que la víctima no va a poder defenderse), ‘ensañamiento’ (aumentando deliberada e inhumanamente el sufrimiento de la víctima) o ‘concurrencia de precio’(cometiendo el crimen a cambio de una retribución económica o material).

Cometer un asesinato está castigado con una pena que va desde los 15 a los 20 años de prisión, elevándose hasta los 25 años si concurren dos o más circunstancias específicas del delito: se cometió con ensañamiento y alevosía, con concurrencia de precio y alevosía, con cualquier combinación de las tres  o con los tres supuestos al mismo tiempo.

Se considera homicidio cuando una persona causa la muerte a otra, pero en el crimen no se contempla ninguno de los tres supuestos citados en el apartado referente al asesinato. Se puede tener la intención de matar a alguien pero no ensañarse, ni realizarlo alevosamente o bajo recompensa, por lo que se diría que se ha cometido un‘homicidio doloso’, aunque habitualmente no solemos verlo acompañado del término‘doloso’.

El delito de homicidio también contempla el supuesto en el que alguien mata a otra persona pero ha sido sin intención, conocido como ‘homicidio involuntario’ (accidente de tráfico, atropello, etc…  por poner un par de ejemplos) y/o a causa de un fallo o negligencia ‘homicidio negligente’  (por ejemplo, un fallo por parte del médico durante una operación quirúrgica, muerte por un accidente de trabajo por falta de la seguridadcorrespondiente por parte del empresario, encargado, etc…).  Estos dos tipos de homicidio también pueden ser llamados ‘homicidio culposo’.

Dentro de la categoría del homicidio podemos encontrar si se ha cometido a causa de una imprudencia, pudiendo calificarse ésta como grave o leve.

El apartado de penas con las que se castiga el homicidio es un abanico muy amplio, encontrándonos que el homicidio imprudente está castigado con penas de entre 1 y 4 años y para cuando es un homicidio doloso, va desde los 10 hasta los 15 años de prisión.

Cabe destacar que en España no se utilizan los términos ‘homicidio en primer grado’ni ‘homicidio en segundo grado’ que tan habituados estamos en escucharlo en infinidad de películas o series de televisión, sobre todo norteamericanas.

(Fuente: http://blogs.20minutos.es/yaestaellistoquetodolosabe/que-diferencia-hay-entre-un-asesinato-y-un-homicidio/)

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Presentación en Albacete

seras la proxima

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Médicos forenses

Los Médicos Forenses son funcionarios de carrera que constituyen un Cuerpo Titulado Superior al servicio de la Administración de Justicia.

Funciones

Son funciones de los Médicos Forenses, la asistencia técnica a Juzgados, Tribunales, Fiscalías y Oficinas del Registro Civil en las materias de su disciplina profesional, tanto en el campo de la patología forense y prácticas tanatológicas como en la asistencia o vigilancia facultativa de los detenidos, lesionados o enfermos que se hallaren bajo la jurisdicción de aquellos, en los supuestos y en la forma que determinen las leyes.

  • Emitirán informes y dictámenes médicos legales en el marco del proceso judicial.
  • Realizarán el control periódico de los lesionados y la valoración de los daños corporales que sean objeto de actuaciones procesales. Igualmente realizarán funciones de investigación y colaboración que deriven de su propia función.

En el curso de las actuaciones procesales o de investigación de cualquier naturaleza incoadas por el Ministerio Fiscal, estarán a las ordenes de Jueces, Magistrados, Fiscalias u oficinas del Registro Civil, ejerciendo sus funciones con plena independencia y bajo criterios estrictamente científicos.

Los Médicos Forenses estarán destinados en un Instituto de Medicina Legal o en el Instituto Nacional de Toxicología y Ciencias Forenses. Excepcionalmente y cuando las necesidades del servicio lo requieran, podrán ser adscritos a órganos jurisdiccionales, fiscales u oficinas del Registro Civil.

Exisitirá un Instituto de Medicina Legal en las capitales de provincia en las que tenga su sede un Tribunal Superior de Justicia, así como en aquellas en las que tengan su sede Salas de los Tribunales Superiores de Justicia con jurisdicción en una o más provincias.

No obstante, el Gobierno, a propuesta del Ministerio de Justicia, previa petición, en su caso de una Comunidad Autónoma con competencia en la materia, podrá autorizar que dicha sede sea de la capitalidad administrativa de la Comunidad Autónoma de que se trate, cuando sea distinta de la del Tribunal Superior de Justicia.

Asimismo el Gobierno podrá autorizar el establecimiento de Institutos de Medicina Legal en las restantes ciudades del ámbito territorial del Tribunal Superior de Justicia de que se trate, con el ámbito de actuación que se determine.

Mediante Real Decreto, a propuesta del Ministerio de Justicia y previo informe del Consejo General del Poder Judicial y de las Comunidades Autónomas que han recibido los traspasos de medios para el funcionamiento de la Administración de Justicia, se determinarán las normas generales de organización y funcionamiento de los Institutos de Medicina Legal y de actuación de los Médicos Forenses, pudiendo el Ministerio de Justicia o el órgano competente de la Comunidad Autónoma dictar, en el ámbito de sus respectivas competencias, las disposiciones pertinentes para su desarrollo y aplicación.

Mas información: Ministerio de Justicia.

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Paisajes de la historia

De la mano de José Antonio García-Andrade, el mayor experto forense de España, experto en psicoipatología criminal y criminologo, con decenas de libros publicados, asi como un sinfin de arículos, se hace en este documental un repaso a la ciencia de la investigación criminal forense, y a su crucial vinculación con las investigaciones policiales y las decisiones judiciales.

http://www.rtve.es/alacarta/videos/paisajes-de-la-historia/paisajes-historia-investigacion-criminal-forense/626439/

 

 

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Miguel Angel Santano, Comisario General de Policía Cientifica: “El crimen perfecto no existe”

(Por su interés se reproduce integramente a continuación, una entrevista que en el año 2010 concedió el entonces Comisario General de la Policía Científica al blog  “El archivo del crimen”.
Lunes 26 de Abril de 2010.
Miguel Ángel Santano, Comisario General de Policía Científica: El crímen perfecto no existe”. 
miguel angel santano soria comisario general policia cientifica

miguel angel santano soria comisario general policia cientifica

Sus hombres trabajan en la escena del crimen. Lo observan todo, lo analizan todo. «La inspección ocular es lo más importante para resolver un crimen», afirma Miguel Ángel Santano, comisario general de Policía Científica del Cuerpo Nacional de Policía. Las tecnologías de investigación que emplean los protagonistas de series como CSI son reales y hay agentes que las usan casi a diario. Miguel Ángel Santano, comisario general de la Policía Científica, explica cómo un simple capullo de insecto puede ser la clave para resolver un crimen o las miles de pruebas que es necesario recopilar en la investigación de casos tan importantes como la masacre del 11 de marzo. Estuvo en A Coruña para participar en unas jornadas sobre ciencia e investigación criminal.

-¿Qué hace la Policía Científica?
-Cuando se ha cometido un hecho delictivo, nuestra labor es hacer una inspección ocular del escenario y recoger el mayor número de muestras, vestigios, huellas… Todo se traslada luego al laboratorio para trabajar tranquilamente. A veces, dependiendo de la importancia del delito o de su repercusión en los medios, se pretende que corramos más de lo que se puede, pero la ciencia tiene un tiempo.
-La ciencia permite indagar sobre aspectos que hace décadas sería impensable investigar. ¿Cuáles son los casos más importantes en los que ha trabajado?
-Hay muchos casos que se resuelven gracias a la ciencia. El caso más doloroso desde el punto de vista humano y quizás el que más trabajo nos dio fue la identificación de las víctimas de la masacre del 11 de marzo en Madrid. Recogimos 26.000 evidencias. Fue un trabajo de dos años especialmente intenso. La gran satisfacción fue que, con la aportación de nuestras pruebas, se pudo condenar a los culpables de esos hechos delictivos.  Miguel Angel Santano FOTO Fuco Rei
-Al hablar de policía científica se piensa en grandes medios, pero usted destaca la importancia de la inspección ocular, del primer momento.
-Y tenemos los medios, las instalaciones más avanzadas de Europa, 22.500 metros cuadrados dedicados a laboratorios. Pero de nada sirven si lo inicial no se hace bien.
-¿Qué es lo inicial?
-Un buen investigador tiene que reconocer la escena del delito. Se hacen fotografías y vídeos. Y en los grandes delitos tenemos una cámara que graba los 360 grados de la habitación, y un medidor láser. Después vemos el lugar representado gráficamente en tres dimensiones, pero con medidas reales.
-Es un trabajo delicado.
-Un investigador no puede entrar a lo loco en un sitio. Debe tener un recorrido predeterminado. Primero ve la habitación, refleja gráficamente cómo está todo. En nuestra investigación no cabe la improvisación.
-En países como Reino Unido hubo críticas a series de televisión como CSI por parte de aquellos que afirman que este tipo de programas televisivos enseñan a los criminales a ocultar sus fechorías. ¿Está usted de acuerdo con estas críticas?
-No estoy de acuerdo. Casi todas las técnicas que se ven en series que están bien hechas, como CSI, las utilizamos nosotros también. Hay que tener en cuenta, sin embargo, que los hechos que se relatan están totalmente novelados. Si los criminales vieran CSI, lo que deberían hacer es dejar de delinquir, porque en la serie lo acaban descubriendo todo y en poco tiempo.
-Eso tiene mucho que ver con lo que vemos en la televisión.
-Mucho que ver. Sé que hay detractores de esas series, pero yo las defiendo. Han popularizado lo que es la policía científica, y eso es importante porque las víctimas aprenden a no destruir pruebas. Es verdad que casi todo lo que se ve en CSI lo hacemos, pero naturalmente con la salvedad de que es una película. La diferencia es que lo hacen todo muy rápido y eso sí que induce a error. La gente piensa, cuando decimos que estamos haciendo análisis de ADN, que en una hora los tenemos listos. Las cosas no van tan rápido, pero yo creo que es bueno que se divulgue la ciencia policial.
-¿Cuál es el procedimiento que siguen los agentes para inspeccionar la escena del crimen?
-Todo tiene que tener un protocolo de actuación. Lo principal es que solo entren las personas indispensables para investigar. El investigador tiene que tener un recorrido claro para entrar y salir y tiene que seguir una determinada secuencia de acciones para no olvidar absolutamente nada. Hoy en día, lo primero que se hace es un reportaje con vídeos y fotografías. La infografía forense se desarrolla, básicamente, con una cámara que va tomando imágenes y que es capaz de recorrer toda la escena, a lo ancho y a lo alto. Tiene un medidor láser que permite determinar las distancias de la habitación. Así tenemos reflejado dónde está todo. Se pueden conocer, por ejemplo, las trayectorias de los disparos.
Miguel Angel Santano-¿Qué tipo de especialistas trabajan en España para la Policía Científica?
-Hay especialistas en huellas, biólogos y químicos que se encargan del análisis del ADN, físicos especializados en acústica forense, informáticos? Cada especialidad requiere personas con distintas titulaciones.
-También hay personas que se dedican al análisis de las balas y de las armas. -Las balas dejan mucha información porque, una vez disparadas, tienen unas marcas que son distintas para cada arma. -¿Cuál ha sido el caso que más le frustró?
-Una de las frustraciones que tenemos es la de no haber podido encontrar el cadáver de Marta del Castillo, porque los padres nunca van a quedar tranquilos hasta que aparezca el cadáver. La policía ha hecho todo lo que ha podido, pero ha sido imposible.
-¿Evoluciona el comportamiento criminal paralelamente al desarrollo de las tecnologías?
-Evolucionan permanentemente y no solo en la prevención de no dejar huellas ni rastros. También han aprovechado las nuevas tecnologías. Las bandas las usan cada vez más. Recuerdo casos de bandas que se dedican al robo de vehículos de gran cilindrada que han llegado a tener dispositivos que, con un sistema informático, permiten descubrir el código de funcionamiento.
-¿Existe la prueba perfecta?
-Sí, y más con los avances tecnológicos que tenemos.
-¿Y el crimen perfecto?
-No creo que exista. Para empezar, creo que la perfección no existe en nada. Puede coincidir la suerte de que el autor no haya dejado ningún vestigio, o la mala suerte de que el investigador no haya sabido encontrarlo, pero el crimen perfecto no existe.
-Pero hay casos sin resolver.
-Sí, pero siempre parto de la base de que los que hay se deben a una mala inspección ocular. Como no se haga bien puede escaparse algo que más tarde es imposible de descubrir.
-¿Cuál es su espina clavada?
-Hombre, como comisario general de la Policía Científica, el hecho de que no haya aparecido el cadáver de la niña de Sevilla, Marta del Castillo, pese a que se ha visto el importante trabajo de la Policía Científica, con las pruebas de ADN para imputar a los presuntos autores del crimen. Pero es una frustración que no aparezca el cuerpo y que esos padres puedan descansar.
-Usted era jefe de la Brigada Provincial de Madrid el 11-M. ¿Qué significó aquello?
-Fue el reto más importante que se abordó desde el punto de vista de la policía científica. Trabajamos con 26.000 evidencias, que había que analizar una por una. Fue un trabajo de dos años. Y la gran satisfacción, dentro de esa catástrofe, es que se llegan a aportar un gran número de pruebas al tribunal.  Miguel_Angel_Santano_Comisario_general_policia_cientifica
-¿Qué clase de pruebas buscan los agentes en el escenario de un atentado como el de los trenes de Madrid?
-Sirve casi todo. Es muy importante recoger casi todo lo que hay en una escena del crimen. Huellas de pisadas de los autores, huellas dactilares, ADN, restos de fibra de la ropa? Todo es importante.
-La ciencia ha avanzado tanto que cualquier elemento puede suministrar información. ¿Recuerda algún objeto o prueba especialmente llamativo que haya permitido resolver un crimen?
-Hay casos, por ejemplo, que se resuelven gracias a una simple mancha de sangre encontrada en el lugar de los hechos. Yo recuerdo un tiroteo entre bandas de los países del Este que utilizaban fusiles de asalto kalashnikov que ocurrió en Madrid. Fue un tiroteo de película en el que murieron varias personas. Conseguimos saber que habían tenido alquilado un piso tiempo atrás y, cuando el inmueble ya estaba limpio, localizamos sangre gracias al luminol, un reactivo que permite detectar manchas que no son visibles a simple vista. Esto nos permitió saber que una de las víctimas había estado allí. Después descubrimos más gracias a la entomología forense, porque localizamos un capullo de un gusano que nos permitió determinar la quincena en la que la víctima había estado allí. Sabíamos el ciclo de vida del insecto y pudimos conocer, gracias también a datos meteorológicos, la época en la que había aparecido ese capullo. El insecto había estado alimentándose del cadáver.
-¿La policía le está ganando la partida a los malos?
-Sí, porque cada día conseguimos identificar a muchos de los malos. Lo demuestra el hecho de que cada año aumentan los casos esclarecidos. Estamos ganando claramente la batalla a los malos.
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Imágenes de Oviedo

Algunas imágenes la presentación de ‘Serás la próxima’ en Librería Cervantes de Oviedo.
Gracias a Olga Rico y a José Antonio Sánchez Moro por su activa y decisiva contribución en el acto.
A Concha Quiros y Susana Dominguez Tejedor por su magnífica acogida.
A Covi Sánchez y Balagar Fartón por asistir y poner la nota de color al acto.
Y al resto de asistentes… ‪#‎sinvosotrosimposible‬

Gracias a

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Medicina Legal y Forense

La medicina legal y forense resulta de gran ayuda en la solución de delitos.

El Instituto Vasco de Medicina Legal depende organicamente del Departamento de Justicia del Gobierno Vasco. Fue creado en 2001, comenzado a funcionar en enero de 2002. Sus funciones se centran en la realización de informes periciales medico forenses (levantamiento de cadáver, reconocimiento a víctimas de agresión, autopsias de muertes violentas o sospechosas de criminalidad, valoración de lesiones tras accidentes de tráfico…).

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Presentación en Oviedo

img_01Mañana 4 de Junio a las 19 horas se presentará en la Librería Cervantes, de Oviedo (C/ Doctor Casal nº 7) la novela “¡Serás la próxima!”.

En el acto intervendrán: Olga Rico, autora y Licenciada en Medicina y Cirugía, José Antonio Sánchez Moro, director del Instituto de Medicina Legal de Asturias, y el autor.

¡Os espero en la Cervantes!

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¡Serás la próxima!

Así comienza el libro:

 

El cadáver tendido en la arena junto a la iglesia de Granda, en la carretera antigua de Pola de Lena, llamó la atención de un conductor que circulaba en dirección a la ciudad poco después de las 6,25 horas del día 12 de noviembre de 1999. Un frío y desapacible viernes.

Iglesia de Granda, en las próximidades de Gijón.

Iglesia de Granda, en las próximidades de Gijón.

A las 7,10 de la mañana, la doctora Andrea Monteverde estaba vistiéndose en la casa que había alquilado en las inmediaciones de la playa para acudir a su trabajo en el depósito de cadáveres de Cabueñes, cuando recibió una llamada telefónica del juzgado de guardia. Le anunciaban la aparición del cadáver de una joven en la carretera.

—Gracias —se despidió de su interlocutor tras recibir toda la información del suceso—. En veinte minutos estaré allí.

Fue a la cocina. Se preparó un zumo de naranja natural. Era como iniciaba la jornada cada día, tras poner los pies en el suelo. Sus cualidades antioxidantes le daban energía y fuerza vital, además de proporcionarle importantes beneficios para sus venas varicosas. A continuación se hizo un café bien cargado que acompañó de una tostada. Engulló rápidamente el desayuno, y salió de casa en su vehículo en dirección al lugar de los hechos.

En el lugar del suceso varias dotaciones de la Guardia civil y de la Policía se habían encargado de controlar todo el perímetro de seguridad con una cinta plástica de señalización en la que se advertía: «No pasar». Apenas encontró ninguna cara conocida entre los agentes, se identificó como médico forense, levantó la cinta y llegó hasta dónde se encontraba el cadáver que ya estaba cubierto. Se colocó unos guantes de látex y se agachó para contemplar de cerca el cuerpo.

El cadáver se encontraba boca arriba y tenía la boca amordazada con una venda. La joven, vestida sólo con un suéter de color amarillo, unos vaqueros grises, y unos calcetines, tenía las manos atadas con una cuerda de nailon y el cuello ceñido con otra. En una primera exploración observó que el cuerpo presentaba dos tatuajes, uno a cada lado de la espalda, a la altura de los omoplatos. Los primeros signos de rigidez comenzaban a aflorar. Era posible que llevara más de tres horas muerta.

Mientras tanto, los funcionarios policiales reunían pruebas como ropa, fibras textiles y sangre, y hacían una reproducción de yeso de las rodaduras que habían quedado en el arcén de la carretera.

—¡Era muy guapa! —repuso Andrea mientras examinaba a la víctima—. ¿Se le ha identificado? ¿Llevaba documentación? —preguntó a un oficial de Policía.

–No. No sabemos quién es.

Se trataba de una muchacha de ojos azules y melena ondulada, recogida en una cola de caballo. Por la edad, Andrea supuso que podía tratarse de alguna de sus primas o de la hija de alguna amiga. Tras un minucioso examen, la doctora concluyó:

—Tengo la impresión de que la joven ya no vivía cuando la arrojaron a la cuneta de la carretera —confirmó a los agentes.

Comoquiera que hubiese muerto, no había sido allí.

Los funcionarios la observaron sin apenas musitar.

—Me vais a decir que eso no puede ser —prosiguió—. ¡Claro que no puede ser! No es fácil arrojar un cadáver a la vía pública sin ser visto por nadie.

—Exacto —respondió uno de los agentes.

—Hay que revisar bien las rodaduras del arcén. Habrán usado una furgoneta, y seguramente habrán sido varias personas. Una sola persona no puede mover un cuerpo.

Los agentes le mostraron varias huellas que habían localizado en las inmediaciones del lugar en el que se encontraba el cadáver, pero el rastro se perdía en el asfalto. La forense, acompañada de varios agentes, cruzó la carretera hasta el arcén opuesto.

—A ver si aquí encontramos algo —inquirió con poco convencimiento.

—Sí, mire, aquí hay una pisada que vamos a estudiar —respondió eufórico un agente, que creía haber encontrado la solución al problema del hambre en el mundo.

—Ya —respondió la doctora un tanto incrédula—, pero tampoco debemos tener demasiadas expectativas. ¿Quién nos dice que esa pisada no corresponde a un empleado de la empresa municipal de limpieza que pasó por aquí de madrugada?

descargaEl análisis del rastro encontrado probaría la identidad de la o las personas que estuvieron en el lugar, además de saber desde dónde se arrojó el cuerpo. Inicialmente, la forense pidió a los investigadores que procuraran identificar la marca y el modelo del zapato. La información sobre el propietario de cualquier calzado podía obtenerse a través del análisis de desgaste de los patrones que se encontraban en función del ángulo de la pisada y de la distribución del peso. El examen detallado de las impresiones del calzado podría ayudar a vincular una parte específica del mismo con la huella, ya que cada zapato tenía características únicas de desgaste.

Volvieron sobre sus pasos mientras la desconfianza de la forense, acerca de la pisada encontrada, era notable.

—No me creo que ese rastro nos ayude… Fácilmente puede pertenecer a alguien totalmente ajeno, pero reconozco que debemos comprobar este dato. No demos nada por desechado todavía.

—¡Por supuesto! —respondió un miembro de la Policía científica de la Guardia civil.

Los escasos elementos ligados a los restos humanos encontrados fueron convenientemente localizados in situ sobre un mapa, fotografiados, recogidos y empaquetados como prueba por los funcionarios policiales y, posteriormente, trasladados a sus dependencias.

Hacía frío. Los últimos estertores de una noche de heladas intentaban diluirse en el asfalto. La doctora, que vestía pantalón de pana y un jersey grueso hasta el cuello, se abrochó la cazadora, se quitó los guantes de látex y se enfundó otros de lana que extrajo del bolso.

A los pocos minutos, una furgoneta negra con el rótulo de la funeraria de la ciudad estacionó en las inmediaciones.

—Buenos días —saludó el conductor mientras abría las puertas traseras del vehículo–, ¿qué tenemos?

—Nos han dicho que es una chica joven —intervino su compañero—. En qué líos se habrá metido para terminar así. Esta juventud está podrida…

Andrea Monteverde se quedó mirando a los empleados con gesto circunspecto. Odiaba que siempre dieran por hecho circunstancias y situaciones que eran meras suposiciones. En aquel instante, la joven era víctima de su propia vida. Hasta que no se demostrara lo contrario, era una víctima inocente marcada por una muerte violenta y atroz como la muerte de cualquier otra persona de su edad en similares circunstancias. Por este motivo, le repugnaban los comentarios de los trabajadores de la funeraria que, acostumbrados a vivir con la muerte tan cerca, consideraban que el fallecimiento de jóvenes en extrañas circunstancia era un síntoma de la podredumbre que existía en el seno de la propia juventud.

images (1)Cuando los empleados de la funeraria maniobraron el cadáver para introducirlo en la bolsa de lona y trasladarlo al depósito de cadáveres, la sensación de humedad calaba hasta los huesos. Andrea no escapaba a esta impresión, y un continuo rosario de escalofríos recorría su cuerpo insistentemente. Todo ello, unido a la preocupación que se derivaba del macabro hallazgo, hacía que se encontrara alterada y tensa. Apenas había trascurrido hora y media desde que llegó al lugar del suceso, cuando lo abandonaba, perdiéndose en la nebulosa de una ciudad que había amanecido con una víctima atrozmente asesinada.

Una hora más tarde, en el lugar en el que se halló el cadáver de la joven no había rastro de nada. Por su parte, los empleados de la empresa municipal de limpieza se habían encargado de regar el lugar con una manguera de agua a presión, y limpiar cualquier posible vestigio que anunciara tan sanguinario descubrimiento.

Como era preceptivo, el cuerpo fue trasladado a la morgue de la ciudad. Se trataba de un edificio de planta rectangular y de reciente construcción, ubicado en uno de los pulmones de la ciudad. Era una zona residencial de viviendas unifamiliares. La furgoneta accedió a la morgue a través del garaje subterráneo. Los empleados depositaron el cuerpo en el interior de una de las neveras. A continuación, caminaron hasta las oficinas generales, en donde rellenaron una documentación, y censaron e identificaron el cadáver con un número de expediente interno. A esas horas de la mañana, el lugar era un continuo ir y venir de personas. En dos salas paralelas se estaban practicando sendas autopsias: a un hombre, víctima de una intoxicación alimentaria, y a un joven que había sufrido un accidente de tráfico. Varios agentes de Policía, que vestían de paisano, se encontraban hablando con un forense. En el vestíbulo del edificio, junto a la cafetería, se encontraban varios familiares de las víctimas a la espera de que los forenses concluyeran su trabajo. Como siempre, en la puerta principal, varios periodistas montaban guardia ávidos de información que pudieran transformar en titulares para sus periódicos o noticiarios.

Vivir diariamente con la muerte les inmunizaba y les convertía en seres fríos e inexpresivos, al menos eso parecía. No habían acabado de tramitar el expediente cuando les requirieron en otro punto de la ciudad, en el Hospital General, situado a escasos metros del tanatorio.

Cuando los empleados regresaban en busca de la furgoneta para continuar su jornada, la doctora Monteverde entraba al edificio. Había accedido al edificio por la misma puerta que el furgón, pero había estacionado su vehículo en la zona de aparcamiento reservada para los médicos forenses.

—Buenos días, doctora —saludó el de más edad.

—Hola —respondió ella mientras caminaba con paso rápido—. Voy a prepararme para hacerle la autopsia –les dijo a sus colaboradores.

En el interior del edificio, la forense atravesó un gran corredor acristalado en dirección a los vestuarios, desde el que se contemplaba una bella estampa de aquella zona de la ciudad. Se cambió de ropa, y volvió sobre sus pasos en dirección a la zona administrativa. Tenía que confirmar que se le había remitido al juzgado toda la documentación acerca del caso, y que el tribunal había autorizado la autopsia.

María Aybar era la responsable del Departamento de Administración. Llevaba más de tres años destinada aquí, y conocía a la perfección todo lo que se movía alrededor de la morgue y de sus exclusivos inquilinos.

—Hola Andrea, buenos días —saludó mientras le entregaba una carpeta con toda la documentación sobre el caso—. No pensarás en hacerle la autopsia, ¿verdad? El juzgado no ha respondido.

—Me lo temía —contestó la forense, en un tono conformista—. Bueno, voy adentro a ver qué me encuentro…

—De acuerdo —respondió María—, pero mentalízate de que esta autopsia no la podrás hacer hasta mañana.

—Conforme. Pero, al menos, habrá que identificarla.

—Eso sí.

2010-03-07_IMG_2010-02-27_23.40.26__fotospropias_20100223_175La doctora entró en una de las salas de autopsias que a esas horas milagrosamente estaba desocupada. Un auxiliar salió a su encuentro.

—Hola, buenos días.

—Hola —devolvió el saludo—. ¿En dónde está el cadáver de esta mañana?

—¿Cuál de todos? Acaban de traernos el cuarto, y sólo son las 11,30 —comentó a la vez que observaba su reloj de pulsera.

La forense consultó el dossier que le había dejado María Aybar. Ojeó rápidamente varias hojas.

—Es el nº 000561. Es la chica que encontraron esta mañana asesinada junto a Granda…

—¡Ah, sí! En cinco minutos la traigo —contestó el auxiliar.

—No hay prisa. Primero hay que identificarla.

Las labores de identificación de cadáveres se realizaban conjuntamente entre la Policía y los forenses. Para ello, en primer lugar, se recopilaban todos los datos posibles ante mortem, lo que exigía que se reuniera toda la información y documentación existente de la vida de la persona en cuestión. Esto incluía una descripción física minuciosa: edad, sexo, color del pelo, altura; todos los antecedentes médicos y dentales que fueran posibles, incluyendo radiografías y cualquier otra prueba radiológica. También era importante aportar características personales como tatuajes o fotografías recientes. Esta información podía incluir detalles de la ropa y de los objetos personales que llevaba. Cualquier cosa que pudiera ayudar a identificar el cuerpo era relevante; sin embargo, en el caso de la joven una gran parte de esta información ya estaba recuperada, organizada, y se había remitido a las autoridades judiciales.

Para Andrea Monteverde resultaba sobrecogedor contemplar cómo una camilla metálica transportaba el cuerpo de la joven brutalmente asesinada. El cuerpo yacente de un joven o de un niño era una escena conmovedora a la que no se acostumbraba. A diario se enfrentaba con la cara más inhumana de la muerte, y ya se había acostumbrado a imágenes estremecedoras, pero no a la muerte de un niño. Si la vida era injusta, aún lo era mucho más cuando se trataba de una víctima tan joven. No existía explicación ni argumento válido en el que se pudiera justificar un acto así. Ella no comprendía nada. Hacía su trabajo como un autómata. En aquel momento se convertía en una máquina que no carecía de sentimientos. Estas escenas le producían frecuentes dolores de cabeza y un malestar generalizado que solía desembocar en una migraña. Como no era la primera vez que le sucedía, ya se había tomado dos pastillas de Zomig, un medicamento que actuaba sobre aquellas zonas del cerebro involucradas en las crisis de migraña.

            —¿Cómo quiere que la ponga? —preguntó el auxiliar cuando se presentó con la camilla.

             —Colóquela en decúbito supino —respondió Andrea, en clara alusión a la forma que tenía que colocar el cadáver sobre la mesa de autopsias—. Hay que identificarla e intentar localizar a algún familiar.

             Un silencio estremecedor reinó en la sala mientras se giraba el cadáver.

             —Debemos recoger impresiones dactilares y muestras para análisis de ADN —confirmó la doctora.

             No había terminado de hablar, cuando María Aybar abrió la puerta batiente de la sala.

             —Andrea, ha llegado un fax del juzgado. ¿Vienes a recogerlo?

             —Voy.

             La forense dejó lo que estaba haciendo. Se quitó los guantes de goma y salió. En una sala contigua se desató la bata verde, la colgó sobre una percha, y caminó en dirección a las oficinas. Unos metros por delante caminaba su compañera que, al percatarse de la presencia de Andrea, se detuvo y la esperó. Los pocos metros que quedaban de recorrido hasta la zona administrativa los caminaron en silencio, roto sólo por un par de frases inconexas.

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José Antonio García-Andrade: “El terrorista paranoico es el más peligroso”

ENTREVISTA

descargaNACIMIENTO MADRID, 1928.

TRAYECTORIA MEDICO RURAL, CIRUJANO, PEDIATRA, FORENSE (YA JUBILADO).

OCUPACION ACTUAL PROFESOR DE PSIQUIATRIA FORENSE EN EL INSTITUTO DE CRIMINOLOGIA DE LA UNIVERSIDAD COMPLUTENSE DE MADRID.

–Usted ha realizado unas 4.000 autopsias a lo largo de su vida profesional. ¿Recuerda alguna especialmente?

–Una autopsia que me impactó y que me persigue desde entonces fue la de los marqueses de Urquijo, por ejemplo. Aquello tuvo una resonancia enorme. Otra que siempre cuento es la de mi viejecita de las lentejas: apareció una vez una señora mayor a los pies de la cama como si se hubiera suicidado. Al hacerle la autopsia y abrir el estómago me lo encontré lleno de lentejas en la primera etapa de la digestión. Pensé que una persona que se va a suicidar no se come tantas lentejas. Eso me hizo ahondar más en la investigación y descubrir unos pelitos de saco en la base de la lengua: la habían matado sofocándola. En ese caso, las lentejas nos pusieron sobre la pista.

–¿Es fácil acostumbrarse a tanta autopsia?

–A lo que no me he acostumbrado nunca es a las autopsias de los niños, porque me producen una sensación de malestar profundo. Lo considero como una gran injusticia: que un niño de dos, tres o cuatro meses tenga que morir me sigue creando malestar.

–¿Qué es lo que más le atrae de su profesión?

–La gente piensa que el médico forense es el médico de los muertos, pero también vemos a los vivos. El poder estudiar la personalidad del asesino o del criminal es apasionante. Pero la autopsia es muy bonita, es como un puzle: tienes que ir cogiendo cada figurita distinta e irla encajando hasta que al final todo encaja.

–Usted destaca la importancia y la fascinación de la psiquiatría forense ¿Qué hay en la mente de un terrorista?

–Precisamente hoy –por ayer– voy a hablar de terrorismo, a raíz del libro En los límites , de José Angel Jarne, del que he escrito el prologo. Nos tenemos que preguntar si estamos ante un pistolero a sueldo, ante un idealista apasionado, ante un psicópata fanático o ante un paranoico.

–¿Alguno de estos tipos de terrorista es más peligroso?

–Tal vez el paranoico, porque cree que está en posesión de la verdad, cree que va a ir al paraíso y es capaz de lo que sea, de morir él pero morir matando. Luchar contra esta gente es muy difícil y muy terrible, porque son impermeables a la argumentación lógica: la razón la tiene él, la tiene Alá o la tiene el País Vasco, por ejemplo.

–Usted también ha analizado la violencia contra las mujeres. ¿Qué destacaría?

–Yo prefiero hablar de maltrato doméstico, porque hay veces que quien maltrata es la mujer. Y muchas veces a quien se maltrata es al abuelo, al niño pequeño… Pero creo que afortunadamente se ha avanzado mucho en este tema. Soy optimista en ese sentido. Con la independencia económica se ha abierto la posibilidad de denunciar al marido. Pero también está apareciendo un síndrome nuevo, el sap (síndrome de alienación parental), ya que se ha demostrado que muchas veces las denuncias de malos tratos son falsas, hasta en el 77% de los casos.

–En décadas como médico forense ha visto avanzar la técnica ¿Qué han supuesto las pruebas de ADN en la investigación?

–Ha sido una revolución extraordinaria, ya que ha supuesto un salto cualitativo muy importante, no sólo de identificación sino de muchas cosas más. Es la huella biológica. Piense que para encontrar una persona con su mismo ADN tendrían que revisarse cuatro mil doscientos noventa millones de personas

(Fuente: El Periódico de Aragón)

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Edgar Allan Poe

(Boston, EE UU, 1809 – Baltimore, id., 1849) Poeta, narrador y crítico estadounidense, uno de los mejores cuentistas de todos los tiempos. La imagen de Poe como mórbido cultivador de la literatura de terror ha entorpecido en ocasiones la justa apreciación de su trascendencia literaria. Ciertamente fue el gran maestro del género, e inauguró además el relato policial y la ciencia-ficción; pero, sobre todo, revalorizó y revitalizó el cuento tanto desde sus escritos teóricos como en su praxis literaria, demostrando que su potencial expresivo nada tenía que envidiar a la novela y otorgando al relato breve la dignidad y el prestigio que modernamente posee.

Biografía

poe_edgar_allanEdgar Allan Poe perdió a sus padres, actores de teatro itinerantes, cuando contaba apenas dos años de edad. El pequeño Edgar fue educado por John Allan, un acaudalado hombre de negocios de Richmond. Las relaciones de Poe con su padre adoptivo fueron traumáticas; también la temprana muerte de su madre se convertiría en una de sus obsesiones recurrentes. De 1815 a 1820 vivió con John Allan y su esposa en el Reino Unido, donde comenzó su educación.

Edgar Allan Poe

Después de regresar a Estados Unidos, Edgar Allan Poe siguió estudiando en centros privados y asistió a la Universidad de Virginia, pero en 1827 su afición al juego y a la bebida le acarreó la expulsión. Abandonó poco después el puesto de empleado que le había asignado su padre adoptivo, y viajó a Boston, donde publicó anónimamente su primer libro, Tamerlán y otros poemas (Tamerlane and Other Poems, 1827).

Se alistó luego en el ejército, en el que permaneció dos años. En 1829 apareció su segundo libro de poemas, Al Aaraaf, y obtuvo, por influencia de su padre adoptivo, un cargo en la Academia Militar de West Point, de la que a los pocos meses fue expulsado por negligencia en el cumplimiento del deber.

En 1832, y después de la publicación de su tercer libro, Poemas (Poems by Edgar Allan Poe, 1831), se desplazó a Baltimore, donde contrajo matrimonio con su jovencísima prima Virginia Clemm, que tenía entoces catorce años. Por esta época entró como redactor en el periódico Southern Baltimore Messenger, en el que aparecieron diversas narraciones y poemas suyos, y que bajo su dirección se convertiría en el más importante periódico del sur del país. Más tarde colaboró en varias revistas en Filadelfia y Nueva York, ciudad en la que se había instalado con su esposa en 1837.

Su labor como crítico literario incisivo y a menudo escandaloso le granjeó cierta notoriedad, y sus originales apreciaciones acerca del cuento y de la naturaleza de la poesía no dejarían de ganar influencia con el tiempo. En 1840 publicó en FiladelfiaCuentos de lo grotesco y lo arabesco; obtuvo luego un extraordinario éxito con El escarabajo de oro (1843), relato acerca de un fabuloso tesoro enterrado, tan emblemático de su escritura como el poemario El cuervo y otros poemas (1845), que llevó a la cumbre su reputación literaria.

La larga enfermedad de su esposa convirtió su matrimonio en una experiencia amarga; cuando ella murió, en 1847, se agravó su tendencia al alcoholismo y al consumo de drogas, según testimonio de sus contemporáneos. Ambas adicciones fueron, con toda probabilidad, la causa de su muerte, acaecida en 1849: fue hallado inconsciente en una calle de Baltimore y conducido a un hospital, donde falleció pocos días más tarde, aparentemente de un ataque cerebral.

La obra de Edgar Allan Poe

La calidad de la producción literaria de Poe ha oscurecido en parte su faceta de teórico de la literatura; en obras como Fundamento del verso (1843), La filosofía de la composición (1846) y El principio poético (1850), expuso ideas singulares y novedosas sobre los géneros literarios y el proceso de creación. En este último terreno se apartó por completo del concepto romántico de inspiración al abogar por una escritura reflexiva, meditada y perfectamente consciente de las técnicas expresivas, que habían de encauzarse en dirección al efecto deseado. Tales ideas tendrían gran predicamento entre la crítica antirromántica.

Respecto a los géneros, Poe sostuvo que la máxima expresión literaria es la poesía, y a ella dedicó sus mayores esfuerzos. Sus poemas no fueron bien recibidos entre la crítica estadounidense, que los juzgó excesivamente artificiosos, pero, a partir de los estudios de Mallarmé, los europeos vieron en Poe a un modélico precursor del simbolismo. La apreciación es justa si no se olvidan los motivos románticos que, a pesar a su poética, lastraron todavía sus versos.

La moda byroniana dejó su impronta en un libro primerizo que publicó con sólo dieciocho años, Tamerlán y otros poemas (1827). En su segunda obra, Al Aaraaf(1829), el poeta celebra una etérea forma de belleza, preludio de la pura “idealidad” a la que aspirará en algunos poemas posteriores. En su tercer libro, Poemas (1831), reunió con algunas revisiones y adiciones los poemas de los dos primeros volúmenes, y añadió seis nuevas composiciones. En ellas llegó a la madurez y encontró una voz auténtica, aunque se pueda discernir en ella el eco de Coleridge; su evocación de un mundo ideal y visionario quedaba realzada por el ritmo hipnótico de los versos y la fuerza turbadora de las imágenes.

Su último libro, El cuervo y otros poemas (1845), es la expresión de su pesimismo y de su anhelo de una belleza ajena a este mundo. Algunas de las composiciones de Poe, desgajadas de los poemarios de que forman parte, alcanzaron una notable popularidad. Es justamente célebre su extenso poema El cuervo (The Raven, 1845), donde su dominio del ritmo y la sonoridad del verso alcanzan el máximo nivel. Manifiestan idéntico virtuosismo Las campanas (The Bells, 1849), cuyo resonar, que acompaña las diversas etapas de la vida humana desde la infancia hasta la muerte, se evoca con reiteraciones rimadas y aliteraciones; Ulalume (1847), un recorrido de la tristeza a la ilusión que cae de nuevo en la desesperanza; y Annabel Lee (1849), exaltación de un inocente amor infantil que ni la muerte puede truncar.

Los cuentos de Poe

Pero la genialidad y la originalidad de Edgar Allan Poe encuentran su mejor expresión en los cuentos, que, según sus propias apreciaciones críticas, son la segunda forma literaria, pues permiten una lectura sin interrupciones, y por tanto la unidad de efecto que resulta imposible en la novela. Considerado uno de los más extraordinarios cuentistas de todos los tiempos, Poe inició la revitalización que experimentaría el género en tiempos modernos.

Publicados bajo el título Cuentos de lo grotesco y lo arabesco (Tales of the Grotesque and Arabesque, 1840), aunque hubo nuevas recopilaciones de narraciones suyas en 1843 y 1845, la mayoría se desarrolla en un ambiente gótico y siniestro, plagado de intervenciones sobrenaturales, y en muchos casos son obras maestras de la literatura de terror. Poe basó su estilo tanto en la atmósfera opresiva que creaba durante el inicio y desarrollo del relato como en los efectos sorpresivos del final.

Fotograma de La caída de la casa Usher (1960), película basada en el cuento de Poe

Fotograma de La caída de la casa Usher (1960), película basada en el cuento de Poe

Así ocurre en el antológico La caída de la casa Usher (The Fall of the House of Usher), cuento sobrenatural o simbolista en el que el narrador asiste a los últimos días de un antiguo amigo suyo, el hipersensible y atormentado aristócrata Rodrigo Usher. Durante su estancia fallece la hermana de Usher, que estaba gravemente enferma, y la entierran en una cripta subterránea. Una semana después, en una sobrecogedora escena final, la hermana reaparece para caer sobre el ya delirante Usher, pereciendo ambos y, tras la huida del narrador, la casa misma, que se derrumba sobre el estanque.

Cuando Baudelaire vertió al francés la citada colección y otra posterior (Tales, 1845), las tituló Histoires extraordinaires, denominación que pasó a las traducciones españolas como Narraciones extraordinarias. No faltan en estas recopilaciones los relatos macabros, como El barril de amontillado (The Cask of Amontillado), o cuentos dedicados a mujeres atormentadas e inescrutables en un contexto de atmósfera enfermiza, como Berenice o Ligeia; son en cambio menos numerosos aquellos que narran la resolución de algún enigma, como El escarabajo de oro (The Gold Bug).

En este último grupo es preciso destacar los tres cuentos protagonizados por Augusto Dupin, que sentaron las bases de un género destinado a cobrar una inmensa popularidad: la literatura policíaca. El primero de tales cuentos, Los crímenes de la calle Morgue (The Murders in the Rue Morgue), se ha considerado, con toda razón, como el fundador de la novela de misterio y detectivesca. Dupin es también el protagonista de El misterio de Marie Rogêt (The Mystery of Marie Roget) y de La carta robada (The purloined Letter), piezas clásicas del género por el equilibrio de lógica, suspense y detalles narrativos.

Maestro del terror y fundador del género policial, también se reconoce a Poe su papel de precursor en la literatura de ciencia-ficción por algunos de los relatos contenidos en las Narraciones extraordinarias. De tema marino es la única novela que llegó a completar, Las aventuras de Arthur Gordon Pym (The Narrative of Arthur Gordon Pym, 1838), historia de un viaje fantástico al Polo Sur en la que reaparecen numerosos elementos (muchos de ellos terroríficos o simbólicos) de sus cuentos.

El conjunto de la obra de Poe influyó notablemente en los simbolistas franceses, en especial en Charles Baudelaire, quien la dio a conocer en Europa. Por lo demás, los continuadores de los nuevos caminos que abrió su narrativa (como Arthur Conan Doyle en la novela detectivesca, Julio Verne en la ciencia-ficción o H.P. Lovecraft en la literatura de terror) señalaron su deuda con el estadounidense, y, en general, su magisterio ha sido reconocido por todos los grandes cultivadores del cuento moderno, desde Guy de Maupassant hasta Jorge Luis Borges y Julio Cortázar, quien realizó una soberbia traducción de sus relatos.

(Fuente: Biografías y Vidas)

Y para concluir este post, un pequeño homenaje…

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El criminal y la novela negra

“Primero era un grito solo en mitad de la noche
y después más gritos y más gritos
y después un silencio…”
Ernesto Cardenal

 

Hace años me decía un prestigioso forense español que en España sólo vende lo rosa y lo negro. Y no iba desencaminado porque el auge que tiene la novela negra en la actualidad es tremendo.

El cainita que mata a su hermano siempre ha despertado especial atracción y curiosidad del por qué de su comportamiento. Ello siempre quedó reflejado en la novela negra, escenario perfecto para la representación teatral, pero real a la vez, de las pasiones y sinrazones más oscuras del ser humano.

Al describir un criminal conviene realizar con una extraordinaria precisión todos sus rasgos psicobiograficos. Ello permitirá al lector conocer cómo era y quién era el sujeto en cuestión.

Es importante conocer nuestra historia más reciente y más pretérita, pero resultaría inacabada si desconociéramos la historia del crimen y del criminal, de cómo es nuestra sociedad asesina, de nuestras ofrendas y nuestros demonios tan maravillosamente reflejados en la novela negra. La irrupción de los psicópatas criminales en este género no deja de resultar soberanamente seductor a la vez que morboso.

Conviene, pues, utilizar una prosa ágil y fácil, alejada por completo de barroquismos y riquezas que no nos llevarán a ninguna parte. En la novela negra es de gran interes acercar los criminales al lector, y hacerlo con ternura y facilidad, describiendo sus vidas y sus historias personales. Sólo así llegaremos a conocer y a valorar psicopatológicamente sus conductas y el por qué de sus actos.

(Fuente: www.revistadeletras.net)

psiquiatra, investigador y profesor español

Por ello, en la novela negra es importante que predominen criterios científicos y psiquiátricos. Dentro y fuera de este género literario, conviene acercarse al crimen de forma científica, cargada de humanismo no para castigar, sino para prevenir. Ello nos llevará a entender que el crimen, la agresividad y la violencia están en la propia esencia del hombre y de sus demonios. Luis Rojas Marcos señala que el hombre necesita la agresividad para vivir. La novela negra no puede ni debe escapar a esta realidad.

Cualquier obra de este género que sea de calidad debe reunir, entre sus ingredientes imprescindibles, la intriga como motor de la historia. Se va del quién al cómo. Se debe arrastrar al lector, de la mano, página a página, hasta el desenlace final. Sin respiro. La acción es imprescindible. Según se desmenuza la historia, la acción trepidante debe conducirnos inexorablemente a resolver los enigmas y rompecabezas hasta desentrañar el caso. Como acabamos de ver, el crimen siempre está presente; es decir, en la novela siempre se dibujan las cloacas del planeta con su indigencia, con toda su paupérrima existencia y su atormentada vida. En este sentido, la psicología de los personajes, especialmente de sus protagonistas, es vital a la hora de contar una buena historia negra.

Dentro y fuera de nuestras fronteras no carecemos de héroes. Al contrario. Petra Delicado (Alicia Giménez-Bartlett), Carvalho (Manuel Vázquez Montalbán), Kurt Wallander (Henning Mankell), Guido Brunetti (Donna Leon), Martina de Santo (Juan Bolea), Kay Scarpetta (Patricia Cornwell), y otros cuya lista seria interminable, son una pequeña representación de los protagonistas esenciales de este género tan apasionante como seductor que es la novela negra. Detrás de todos y de cada uno de estos investigadores siempre nos encontraremos con una caterva de psicópatas, sociópatas y criminales que pueblan la sociedad de nuestros días. Una interesante muestra de limitadores cuyas variantes son interminables. En cualquier novela negra, el lector puede tropezarse con asesinos apasionados, psicópatas en serie, paranoides en masa, locos homicidas, drogadictos en busca de nuevas dosis y depredadores que incluso ni ellos mismos conocen la razón de su violencia, pero sí sienten una extraña necesidad de matar. Se trata de seres marginales que llevados al papel se convierten en héroes.

En cualquier obra de este género se debe analizar con meticulosidad extrema todos los aspectos criminales, los métodos de matar y los modus operandi, las coincidencias y las similitudes, las diferencias y las controversias que arrastrarán al lector de forma solapada hasta la atracción total de los personas y, por ende, de la trama. Para ello utilizaremos unos diálogos precisos y técnicos, sin olvidar que cada personaje tiene su jerga particular.

La novela negra es esencialmente urbana, social y realista por los ambientes en que se mueve y por la galería de personas ya enunciados que suelen poblarla. Y este reflejo social es una manifestación viva de lo a diario acontece en nuestras ciudades. El crimen está ahí, a la vuelta de la esquina. En nuestros ambientes cotidianos es fácil tropezarnos con sujetos enajenados que han perdido la propiedad de sus actos y, por ende, se convierten en enfermos mentales. Como tales la sociedad está obligada a tratarlos. No son seres extraños, marginados, posesos o malditos, aunque sí pueden ser criminales. La novela negra es el mejor teatro para poner en escena a estos seres que, despojados de todo prejuicio, son capaces de cometer los crímenes más horrendos que jamás pudiéramos imaginar.

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El único modo que tiene el ser humano de evitar su degradación y, por consiguiente, su destrucción es recuperar la libertad como valor central de su existencia. Quizás este planteamiento resulte demasiado utópico, pero considero que ha llegado el momento de liberar al sujeto de ese cúmulo de valores que alimentan la esclavitud. Ello recuperará al ser humano y le ascenderá a los niveles más altos de desarrollo personal, y lo alejará del crimen.

Sin embargo, el criminal, disfrazado de psicópata, de asesino en serie o de violador, es imprescindible para que la novela negra continúe emergiendo con la calidad e impronta que lo hace actualmente. Caín es imprescindible en nuestras ciudades. El mal está dentro de nosotros y, sin socializar la agresividad, el hombre nunca podrá ser libre.

La novela negra no existiría.

La novela negra es la verdad. En sus historias, desgarradas y animadas, lo que se busca a toda costa es sacar a la luz la verdad de sus protagonistas. La verdad del cainista de turno.

©  José Á. Jarne

@joseajarne

(Articulo publicado en la revista Y Latina de la Asociación de Escritores Noveles. Todos los derechos reservados).
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Medio kilo de carne humana

MARGA NELKEN Madrid

Actualizado: 03/01/2015 07:47 horas

“Se suele decir que la carne humana se parece a la de cerdo o a la de cordero. Qué va. Es más oscura; tampoco se parece a la de caballo. Si alguien lo sabe, ése soy yo, ha pasado mucha por mis manos”. Extracto del interrogatorio de Fritz Haarmann. O lo que es lo mismo, palabrita del mismísimo ‘Carnicero de Hannover’.

El mismo despiadado hombre del saco que protagoniza ‘Haarmann: El carnicero de Hannover, un asesino en serie’, cómic de altísimo nivel, tanto de contenido como formal, facturado por Isabel Kreitz y Peter Meter, dos míticos ‘dibujeras’ del País de la Bruja Merkel, publicado en España, con una impecable factura, por los chicos deLa Cúpula y uno de esos libros que parecen haber sido impresos pare engrandecer cualquier biblioteca que se precie de serlo.

Así, a chorretones de sangre, cerramos, o abrimos, el año ‘thrillero’. Zampándonos de un tirón, en forma de viñetazas y ‘bocadillos’, las uvas más negras que había en el tintero de lo ‘negropolicial’. Enfrascados en la hipnótica lectura de una de las lecturas que, como ya ocurrió con el ‘Carnicero de Milwaukee’ están hechas para ponernos los pelos de punta y, al mismo tiempo, hacernos reflexionar a cascoporro sobre ese sindiós tan complicado llamado condición humana. Aunque, en este caso, el ‘bueno’ de Haarmann se lleva la palma ‘psicopática’, ya que lo suyo fue de récord Guinness sangriento.

El 19 de diciembre de 1924 se anunció la sentencia contra él. Con un total de 24 asesinatos probados, se le condenó a muerte. La pena se ejecutó en Hannover el 15 de abril de 1925. Apiolaba así el Estado Alemán a un tipo que llenaba su buhardilla de ‘yogurines’ sin caducar y luego, tras saborearlos, se pasaba las noches dando martillazos y aserrando. La imagen no puede ser más expresiva, terrorífica y real. Y mucho más después de ver cómo la muestran Kreitz y Meter.

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Una especie de ‘La matanza de Texas’ cuyo Caracuero resultó ser un burguesote trajeado y con sombrero que residía en Hannover y, para colmo, suministraba carne (de pipiolo asesinado tras ‘cepillárselo’ en todos los sentidos) a casi todo su vecindario. Acababa de terminar la I Guerra Mundial y había hambre, mucha hambre, tanta como para que un ‘psychokiller’ teutón y ‘gayer’ se forrase con el estraperlo de la carne fresca de sus ‘guayabos’ muertos.

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Laboratorio de Biología-ADN (Comisaría General de Policía Científica)

1511041003161La principal función del Laboratorio de biología-ADN de la Comisaría General de Policía Científica es el análisis de evidencias biológicas implicadas en hechos delictivos y en identificación de cadáveres, mediante técnicas genético-moleculares. Nuestro ámbito de actuación es nacional, aunque con carácter excepcional también hemos realizado pericias o contra-pericias internacionales.

La demanda de análisis ha ido incrementando a lo largo de los años debido a la demostrada utilidad de los estudios genéticos en le esclarecimento del delito. Así, a principios de la década de los 90 nuestro laboratorio analizaba aproximadamente un millar de muestras, cigra que resulta muy pequeña comparada con las 30.000 muestras analizadas en año 2002. Esto implica no sólo la realización de miles de informes periciales, sino también las frecuentes comparecencias de nuestros peritos en el acto del Juicio Oral.

Para responder adecuadamente a tal cantidad de análisis solicitados, el laboratorio se ha ido renovando en recursos humanos y técnicos. A medida que han ido surgiendo nuevas tecnologías en el campo de la genética molecular, éstas se han ido incorporando y adaptando al análisis de muestras forenses con el fin de aplicarlas al estudio de casos reales.

Debido a la gran repercusión que una pericia biológica puede llegar a tener, es de gran importancia asegurar la buena calidad de los análisis. Por ello nuestro laboratorio participa anualmente en ejercicios colectivos en colaboración con otros laboratorios y se somete a controles de calidad de ámbito internacional.

Más información aquí.

(Fuente: Cuerpo Nacional de Policía)

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